| Querida Nanda:
Desde el verano no había estado en La Borbolla. Sabes que no
suelo tardar tanto en ir, así pues iba ilusionado, con ganas
de ver el pueblo, su paisaje, los amigos... El día estaba
lluvioso aunque luminoso y tu pueblín, como siempre, precioso. El
paisaje que le acompañaba, todavía otoñal, coloreaba con sus
matices verdes, ocres y amarillos el lugar donde naciste. No
sabía que nos habías dejado, que te habían enterrado el
viernes, nadie me avisó... La profunda
tristeza que sentí al no haberte podido acompañar por última
vez sólo puede ser compensada por el recuerdo de todos los
momentos que juntos hemos vivido.
Tu
has sido una mujer de la que todos debemos sentirnos
orgullosos, especialmente tu familia, a la que tanto has
dado. Sé que desde muy pequeña tuviste una vida difícil, a
veces dura; la prematura y desafortunada muerte de tu padre,
la lucha continua por criar tus hijos y sacarlos adelante,
dándoles todo lo que tenías, incluso a costa de tus
intereses personales, la muerte, también prematura, de tu
hijo César y muchas más cosas difíciles de enumerar... pero
siempre estuviste al lado de quien lo necesitara. Dicen que
lo peor que le puede pasar a un padre o una madre es ver
morir a sus hijos. En tu caso me consta cómo te afectó, cómo
cambió tu vida y cómo se fue apagando tu ilusión a la par
que se quebraba tu salud.
Nanda, siempre recordaré las horas de tertulia que hemos
pasado juntos saboreando ese café tan aromático que me
hacías, e incluso fumando algún
pitillo... Con tu forma de ser me has enseñado tanto de
costumbres, de historia, de México, de La Borbolla, en definitiva, de la
vida. Tenías una mente privilegiada y una memoria
excepcional. Eras un libro viviente, ¡cuántas cosas se van
contigo! Historias y cuentos populares, antiguas costumbres
y muchas más que siento no haber podido recoger de forma
escrita. Bueno, también hay que decir que gran parte de las personas que
aparecen en las fotos de esta Web de La Borbolla fueron
identificadas por ti.
Todos tenemos que morir y tu ya los has hecho. Pero las
personas no mueren del todo ya que permanecen vivas en la
memoria de los demás. Así pues, tu seguirás viva en muchos
de nosotros, los que te apreciamos y queremos, en el
recuerdo de lo compartido contigo que de forma indeleble nos
queda para siempre. Hasta siempre Nanda, muchos besos
de tu amigo Mikel.
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