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En La Borbolla, este bellísimo rincón llanisco asentado en las mismas estribaciones del Cuera, hay una virtud capital; sus moradores son plenamente conscientes y piensan tanto en el lugar que les vio nacer como en ellos mismos. Y gracias a esta virtud ciudadana, ha sido posible que La Borbolla sea uno de los pueblos del concejo llanisco donde se den pródigas las condiciones de laboriosidad,
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Y han sido, precisamente, sus «indianos», hijos muy queridos de la parroquia,‑ quienes han hecho posible el aunar voluntades, transformarlas en iniciativas y plasmarlas en hermosísimas realidades. Lo que queda atrás, también espléndido v digno de todo elogio, no hay que citarlo pues ya entonces ello se aureoló suficiente. Es el presente el que debemos comentar con el fervor del encomio... Y La Borbolla camina a paso firme, seguro y decidido, hacia la cumbre del progreso.
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